Libertad

23 octubre


La República de Gilead o la pérdida absoluta de libertad. Asesinando al Gobierno al completo, unos dirigentes teócratas se hacen con el control, erradicando cualquier derecho social.



No hables, no te rías, no tengas opinión ni capacidad de decisión, no leas, no escribas, no te vistas más que con este uniforme que te tapa la visión, no te maquilles ni te pongas cremas, no compres (total, tampoco tienes dinero propio), no tengas ningún tipo de vínculo con nadie, olvídate de tu nombre y de lo que eras antes. No hagas nada más que la función que ‘estás destinada’ a hacer. Y la tuya, Defred, es procrear. Ni si quiera con tu propio marido, si no con el hombre poderoso al que te vamos a entregar.

Hace ya algunos meses, mi compañera Yolanda Fernández os hablaba en su sección ‘#seriesenvena’ de ‘The Handmaid’s Tale’, la serie basada en el libro homónimo que se ha convertido en una auténtica revolución. La canadiense Margaret Atwood, una de las productoras de la serie, escribió esta obra en 1984. Esta novela, que la podemos enmarcar dentro de la distopía de la literatura de ciencia ficción, nos plantea una sociedad a todas luces espeluznante: EE.UU vive una época de contaminación excesiva que está provocando una infertilidad que baja los niveles de natalidad al mínimo. Sumado a (la excusa de) la amenaza del terrorismo, un grupo de fanáticos se hace con el control del Gobierno. De un día para otro, las mujeres pierden su trabajo, su dinero y sus derechos. Cualquier tipo de queja es penada con la muerte. Y no dejan de vigilarte. El nuevo régimen totalitario teocrático decide separar a hombres y mujeres. Y a ellas las dividen en diferentes tipos, según la tarea que les encomienden hacer, siendo la de engendrar la más importante de todas. Y Defred es una mujer en edad fértil... De hecho, Defred no es tan si quiera un nombre propio, es el que recibe la criada de la casa en la que atienda. De Fred, De Glen,... un posesivo que anula a cualquiera.

Atwood es capaz de describir de forma absolutamente acertada el mero hecho de tocar una cerilla o un bolígrafo, algo que tienen prohibido, tanto que la sensación del tacto y las emociones de Defred son capaces de traspasar el papel. El ambiente y la tensión llegan a provocar un estado de incomodidad y angustia que en mi cabeza y mi garganta se dibujaban la palabra ‘libertad’ cada vez que terminaba un capítulo.


Lamentablemente, si la serie ha recibido semejante seguimiento y alabanzas es porque, en declaraciones de la propia autora, esta realidad de esclavismo no está tan alejada de nuestra sociedad actual. Así que alerta: ‘Nolite te bastardes carborundorum’.




◆ El cuento de la criada
◆ Autor: Margaret Atwood
◆ Editorial: Salamandra
◆ Páginas: 412




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